sábado, 1 de septiembre de 2012

Pedagogía tradicional

Tengo una vida dedicada a la docencia. Fui maestra primaria y llegué a ser directora de una escuela. Mi mayor preocupación era que mis niños aprendan. Todo lo que enseñaba en el aula trataba de aplicarlo en mi casa, pero no había vuelta que darle. En casa todavía primaba la pedagogía tradicional.
Carlos, mi hijo, de chiquito fue daniño. Chiquito y dañino, como ese muñeco maldito que mete miedo. Carlos tenía un conejito. Un conejito chiquito y blanco al cual mi hijo disfrutaba darle con un palo en la espalda, y le pegaba y le pegaba. Hablé con él, intenté explicarle que lo que hacía no estaba bien, que el conejo es un pobre animal que para lo único que tiene que sufrir es para convertirse en escabeche. De nada sirvieron las horas de diálogo. Carlos seguía apremiando a golpes al pobre conejo hasta que un día me cansé, agarré su elemento de tortura y lo cagué a palos.
Luego le dije: "Así como te duele a vos, le duele al conejito".
Es el día de hoy que Carlos ve un llavero de cola de conejo y siente el ardor de esa rama seca en la espalda. Pedagogía era la de antes, la tradicional, la de grito y chirlo.